El engaño de Santiago

El Engaño de Santiago (Video cuento)

El engaño de Santiago (Episodio 18) – Crescencia teme el engaño de Santiago y que esté planeando apostar todo lo que tienen. Le pide a Fanny que la acompañe a las mesas de juego de San Agustín de  las Cuevas para evitarlo.

Yo me llamo María Guadalupe Rosana (Audio cuento)

Yo me llamo María Guadalupe Rosana; mis padres fueron nobles y honrados, y, aunque no ricos, tenían lo suficiente para criarme, como me criaron con regalo.

Un extracto del Periquillo Sarniento de José Joaquín Fernández de Lizardi, la primera novela mexicana, una obra picaresca que narra la vida de Pedro Sarmiento (Periquillo) desde su infancia hasta la madurez, contada en primera persona para advertir a sus hijos sobre los errores cometidos, mostrando su paso por la escuela, la universidad, oficios variados, cárceles, vicios y aventuras, revelando una crítica social de la Nueva España a través de sus desventuras y su transformación final hacia una vida honrada.

Índice de contenidos:

El engaño de Santiago
(El guion)

CORA: (Arrepentida.) Vino el recadero con una carta para la señora. FANNY: (De mal humor.) ¡Pásamela!  Es Crescencia, volvió a desaparecer Santiago…

CORA: (Arrepentida.) Vino el recadero con una carta para la señora.

FANNY: (De mal humor.) ¡Pásamela!  Es Crescencia, volvió a desaparecer Santiago…

CORA: (Irónica.) ¡Pobre palomita!

FANNY: ¿Por qué la desestimas, Cora?

CORA: (Con ironía.) ¡Pero si yo la adoro!

FANNY:  Casualmente, tuve una discusión esta mañana con un inglés que se quejaba amargamente de la falta de sinceridad de los mexicanos…

CORA: ¿Y se preguntó si Crescencia será sincera?

FANNY: (Irónica.) No estaba pensando en Crescencia…

CORA: ¡Pobre inglés! Qué pena que los mexicanos lo hagan sufrir…

FANNY: ¡Qué habilidad para cambiar de tema! Mejor canta, Cora.

CORA: Ejem, ejem, ejem…

FANNY: ¿Y ahora qué, Cora?

CORA: El recadero espera.

FANNY: Permíteme leer la nota… (Se escucha que toma el papel.) ( Murmura, leyendo muy rápido.) Contéstale que sí.

-Transición-  

CORA: (Grita como un soldado.) ¡La señora Crescencia está en la sala!

FANNY: ¡Deja de asustarme, Cora! Hazla pasar y vete de una vez.

(SONIDOS: Pasos que se alejan. Se abre y cierra la puerta. Los pasos se alejan más. Luego, se escuchan los pasos de dos mujeres que se acercan. Se cierra y se abre la puerta. Los pasos se acercan.)

CRESCENCIA: Se trata de Santiago, se llevó todo lo de valor que teníamos en casa. Temo que esté planeando apostar en las fiestas de San Agustín. FANNY: No llore, Crescencia, es usted tan joven, tiene tanto por delante, ya verá que todo se va a solucionar…

FANNY: (Preocupada.) La estaba esperando. ¿Cómo está usted?

CRESCENCIA: ¿Está usted bien?

FANNY: (Muy seria.) ¿Todo está bien?

CRESCENCIA: Sí, gracias. ¿El señor…?

FANNY: Sin etiqueta, Crescencia, debo decir que me sorprendió su recado…

CRESCENCIA: Lo que le tengo que pedir, no lo podía escribir en una nota para diversión de los criados…

CORA: (Tararea.)

CRESCENCIA: (Bufa y continúa.) ¿Supo, señora, que por la gran necesidad de lluvias trajeron a la Virgen de los Remedios?

FANNY: Sí, la virgen gachupina.

CRESCENCIA: ¡Eso es muy grosero, no debería usted hablar así, señora Fanny!

FANNY: ¡Discúlpeme! Es la influencia de Cora…¡Gracias a Dios que me sucedió con usted que es de confianza! Sería una vergüenza mayor frente a otras personas… ¡Cora, retírate!

CORA: Sí, señora Fanny.

(SONIDO: Los pasos de Cora se alejan.)

CRESCENCIA: Qué alivio que se fue la chusma. (Suspira. Sigue, angustiada.) Se trata de Santiago, se llevó todo lo de valor que teníamos en casa. Temo que esté planeando apostar en las fiestas de San Agustín.

FANNY: No llore, Crescencia, es usted tan joven, tiene tanto por delante, ya verá que todo se va a solucionar…

CRESCENCIA: ¡Tengo miedo de que me deje, y sin nada! Necesito ir a las fiestas con ustedes. ¿Podría hacerme ese favor…

FANNY: Por supuesto, Crescencia. Ya estamos en medio de los preparativos. Llevaré a Cora conmigo…

CRESCENCIA: (Con desprecio.) ¡¿A Cora?!

FANNY: ¿Por qué la menosprecia? Todas las señoras la adoran…

CRESCENCIA: Disculpe usted, Fanny. Gracias por permitirme ir con ustedes.

Yo me llamo María Guadalupe Rosana
(El guion)

Yo me llamo María Guadalupe Rosana

Yo me llamo María Guadalupe Rosana; mis padres fueron nobles y honrados y, aunque no ricos, tenían lo suficiente para criarme, como me criaron, dándome lo que necesitaba. Nada más precisaba yo en mi casa; era querida como hija y contemplada como hija única. Así viví hasta la edad de quince años, cuando falleció mi padre, y mi madre, no pudiendo resistir este golpe, lo siguió al sepulcro dos meses después.

Sería largo de contar los muchos padecimientos que sufrí y los riesgos a que se vio expuesto mi honor en el tiempo de mi orfandad. Hoy estaba en una casa, mañana en otra, aquí me hacían un desaire, allí me intentaban seducir, y en ninguna encontraba un asilo seguro ni una protección inocente.

Tres años anduve de aquí para allí, experimentando lo que dios sabe, hasta que cansada de esta vida, temiendo mi perdición y deseando asegurar mi honor y mi subsistencia, me rendí a los amorosos y repetidos ruegos del padre de estas criaturas. Me casé por fin, y en cuatro o cinco años jamás me dio mi esposo motivo de arrepentirme. Cada día estaba yo más contenta con mi estado; pero hace poco más de un año que mi dicho esposo, olvidado de sus obligaciones y prendado de otra buena mujer que, como muchas, tuvo arte para hacerlo mal marido y mal padre, me ha dado una vida bastante infeliz y me ha hecho sufrir hambres, pobrezas, desnudeces, enfermedades y otros mil padecimientos, que aún son pocos para satisfacción de mis pecados. La relajación moral de mi marido nos acarreó a todos el fruto que era natural, y es la miseria en que me ve usted.

Cuando fue hombre de bien sostenía su casa con decencia, porque tenía un cajoncito bien surtido en el parián y contaba con todos los géneros y efectos de los comerciantes, en virtud del buen concepto que se tenía granjeado con su buena conducta; pero cuando comenzó a extraviarse con la compañía de sus malos amigos, y cuando se aficionó de su otra señora, todo se perdió por momentos. El cajoncito bajó de crédito con su ausencia; el cajero hacía lo que quería, fiado en la misma; porque mi esposo no iba al parián sino a sacar dinero y no a otra cosa; la casa nuestra estaba de lo más desatendida, los muchachos abandonados, yo mal vista, los criados descontentos y todo dado a la trampa.

Es verdad que cuando a mí me tenía reducida a dos túnicos y a seis reales de gasto, tenía para pagar a su dama casa de veinte, dos criadas, mucha ropa y abundantes paseos y diversiones.

Al paso que crecían los gastos se menoscababan los arbitrios. Dio con el cajón al traste prontamente, y la señorita, en cuanto lo vio pobre, lo abandonó y se enredó con otro. A seguida vendió mi marido la poca ropa y ajuar que le había quedado, y el casero cargó con el colchón, el baúl y lo poco que se había reservado, echándonos a la calle, y entonces no tuvimos más remedio que abrigarnos en esta húmeda, indecente e incómoda habitación.

Pero como las desgracias suelen llegar en grandes cantidades, sucedió que los acreedores de mi marido, sabedores de su descubierto, y satisfechos de que había disipado su dinero en juegos y diversiones, se presentaron y dieron con él en una prisión, donde lo tienen hasta que no les facilite un fiador de seis mil pesos que les debe. Esto es imposible, pues no tiene quien le fíe ni en seis reales, ni aun sus amigos, que me decía que tenía muchos, y algunos con proporciones; aunque ya se sabe que en el estado de la tribulación se desaparecen los amigos.

La miseria, la humedad de esta incómoda habitación y el tormento que padece mi espíritu, me han postrado en esta cama no sé de qué mal, pues yo que lo padezco no lo conozco; lo cierto es que creo que mi muerte se aproxima por instantes, y esta infeliz chiquita expirará primero de hambre, pues no tienen mis enjutos pechos con qué alimentarla; estas otras dos criaturas quedarán expuestas a la más dolorosa orfandad; mi esposo entregado a la crueldad de sus acreedores, y todo sufrirá el trágico fin que le espera.

Ésta, señora, es mi desgraciada historia. Vea si con razón dije que mis penas son de las que no se alivian con contarlas. ¡ay, esposo mío! ¡ay, Anselmo, a qué estado tan lamentable nos condujo tu desarreglado proceder!

derechos mujeres mexicanas 1840

Derechos de las mujeres mexicanas en 1840

En 1840, los derechos de las mujeres en México eran muy limitados, principalmente debido a un sistema legal y social patriarcal que las subordinaba al hombre. Las mujeres eran en gran medida excluidas del manejo y control de sus propiedades, incluyendo tierra y bienes, y se les negaba la plena autonomía económica. 

El sistema legal y social que limitaba los derechos de propiedad de las mujeres en 1840:

  • Patriarcado:

El sistema patriarcal prevalente en la sociedad mexicana de la época otorgaba mayor poder y autoridad a los hombres sobre las mujeres, lo que se reflejaba en el ámbito de la propiedad.

  • Restricciones legales:

Las leyes no reconocían la plena igualdad de las mujeres en materia de propiedad, lo que limitaba su capacidad para adquirir, poseer y administrar bienes.

  • Róles sociales:

Las mujeres eran mayormente confinadas a roles domésticos y de cuidados, lo que dificultaba su acceso a la educación y a la economía, y por ende, a la propiedad.

  • Discriminaición económica:

Las mujeres eran excluidas del mercado laboral y de la participación en la economía, lo que las hacía dependientes económicamente de sus maridos o familiares masculinos. 

Consecuencias de estas limitaciones:

  • Dificultad de acceso a la tierra:

La falta de derechos de propiedad limitaba el acceso de las mujeres a la tierra, lo que era vital para la agricultura y la subsistencia.

  • Dependencia económica:

La falta de control sobre la propiedad y los ingresos hacía que las mujeres fueran económicamente dependientes de sus maridos o familias.

  • Falta de autonomía:

La falta de derechos de propiedad limitaba la autonomía de las mujeres y su capacidad para tomar decisiones sobre sus vidas y su futuro. 

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