El palenque de gallos

El palenque de gallos (Video cuento)

El palenque de gallos (Episodio 7) – Entramos en el palenque de gallos. En el palco más destacado están el presidente Bustamante, su séquito, varios de los ministros extranjeros, y señores con traje de noche y sombreros de copa. Los palcos ocupados por las damas parecen un jardín de flores de todos colores. Los espectadores, una mezcla de miembros de la situación política y la clase social, se inclinan desde su palco y apuestan. Madame Calderón, 15 de junio de 1840

La corrida de toros extraordinaria (Audio cuento)

Madame Calderón de la Barca narra la historia de la extraordinaria corrida de toros celebrada en honor del nuevo embajador de España en México.

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Palenque de gallos
(El guion)

Para Pentecostés hay fiestas en San Agustín de las Cuevas que aglutinan la pasión de Cristo con la pasión de los juegos de azar.

FANNY: (Lee en voz alta.) Vuelvo al tema del Pentecostés. Para Pentecostés hay fiestas en San Agustín de las Cuevas que aglutinan la pasión de Cristo con la pasión de los juegos de azar. Las puertas de las iglesias y las casas de juego se abren simultáneamente. ¡Son tres días en que la religión es llamada a absolver a los participantes de sus pecados! Las pulquerías se llaman a sí mismas “Pulquerías de la Santísima Virgen” para santificar su producto. Son tres días en los que se brinda a la gente todo tipo de oportunidad para empeñarse o arruinarse.

Durante la fiesta, este pueblo poco poblado presenta la apariencia de un enorme hormiguero. Hay generales mexicanos y funcionarios, mandamases y comerciantes, condesas y doncellas, ladrones y léperos. La presencia del presidente Bustamante, asistido por sus edecanes, regala la aprobación a las diversiones. El primer día de la fiesta corrió el rumor de que el partido federal iba a realizar un ataque a los bancos. Esperaban procurarse un millón de pesos para la causa del federalismo. Pero si había algo de verdad en esto, el descubrimiento se ha hecho a tiempo, porque no ha ocurrido nada. San Agustín está alegre y concurrido.

FANNY:  Entramos en el palenque de gallos. En el palco más destacado, están el presidente Bustamante, su séquito, varios de los ministros extranjeros, y señores con traje de noche y sombreros de copa.  Los palcos ocupados por las damas parecen un jardín de flores de todos colores. Los espectadores, una mezcla de miembros de la situación política y la clase social, se inclinan desde su palco y apuestan. Las mujeres se unen al espíritu de la escena y también apuestan. Nuestro gallero se acerca.

Un gallero es la persona dedicada a la cría, cuidado y entrenamiento de gallos de pelea. El término también define al aficionado que asiste y apuesta en las riñas de gallos.
Gallero es la persona dedicada a la cría, cuidado y entrenamiento de gallos de pelea.

GALLERO: ¡Bienvenido, Su Excelencia Embajador! ¿Cómo está usted? ¿Está usted bien? Le hallé el mejor gallo, le voy a hacer ganar una fortuna. ¡Usted apuéstele! Todos saben aquí que yo soy el mejor gallero de San Agustín. ¡Usted apuéstele sin miedo! Vea el gallo negro que le elegí para mañana. Mire, ese que está allá va a soltarlo: es el mejor soltador de México, muchos en vez de apostarle al gallo le apuestan a él. ¡Le digo! Estese atento, embajador. ¡Usted apuéstele con ganas y después sabrá agradecerme!

FANNY: Vaya salvaje diversión. ¿Señor, para qué es esa navaja?

GALLERO: Para el gallo, se le pone una navajita en la pata izquierda, en el espolón, señora.

FANNY: ¿Para que al cabo de pocos minutos uno u otro sucumba en un mar de sangre?

GALLERO: (Con orgullo.) ¡Así es, mi señora, así es! ¡Para servirle, señora!

CRESCENCIA: ¡Estimado embajador y señora Fanny, los buscábamos, quisiéramos invitarlos a nuestro palco!

FANNY: ¿Recuerdas, querido? Crescencia y Santiago son nuestros caseros. Ella ha tenido la amabilidad de presentarme a muchas señoras distinguidas.

EMBAJADOR: ¡¿Cómo no los voy a recordar?! El mayor de los placeres. ¿Cree que las peleas de gallos en México son mejores que en España, Santiago? SANTIAGO: Estoy convencido, embajador, de que así es. Aunque no he estado en su patria, he oído que solamente los gallos de aquí se juegan el pescuezo por sus partidos (ambos se ríen.)

EMBAJADOR: ¡¿Cómo no los voy a recordar?! El mayor de los placeres. ¿Cree que las peleas de gallos en México son mejores que en España, Santiago?

SANTIAGO: Estoy convencido, embajador, de que así es. Aunque no he estado en su patria, he oído que solamente los gallos de aquí se juegan el pescuezo por sus partidos (ambos se ríen.) Su gallo, ¿cuándo pelea?

EMBAJADOR: Mañana en la mañana. El suyo ahora…

SANTIAGO: Ahorita mismo, ya lo está anunciando el juez de valla.

El juez de valla supervisa el enfrentamiento y maneja las postas (apuestas) finales. Su decisión es final.
El juez de valla supervisa el enfrentamiento y maneja las postas (apuestas) finales. Su decisión es final.

CRESCENCIA: Disculpen, los espero en el palco. ¡La Condesa me hace señas! ¡Me está invitando! Por cierto, qué hermoso vestido señora Fanny… Acompáñame Santiago.

FANNY: Le ruego que me llame solo Fanny. ¿Vamos al palco, Calderón?

EMBAJADOR: Es que se ve muy bien desde acá. Va a pelear el gallo del presidente Bustamante con el de Santiago Carvajal. Es la disputa más esperada de estas fiestas.

Se han cerrado las apuestas. ¡Mira cómo Santiago está pegado a la valla! Los soltadores están caminando hacia atrás, ya van a dejar sus gallos en el piso. ¡Comienza la jugada! ¡Mira, mi amor! Los gallos se acercan. ¡Mira! Se arrancan el plumaje, se tiran picotazos, chocan en el aire y entrecruzan las primeras patadas.

 

El soltador de gallos es la persona encargada de manejar y liberar al ave en el ruedo durante una pelea de gallos. Su función es crítica, ya que de su técnica y temple depende que el gallo inicie el combate en la mejor posición posible.
El soltador de gallos es la persona encargada de manejar y liberar al ave en el ruedo durante una pelea de gallos. Su función es crítica, ya que de su técnica y temple depende que el gallo inicie el combate en la mejor posición posible.

FANNY: ¿El colorado es el gallo del presidente?

EMBAJADOR: No, ese es el de Santiago. El del presidente es el giro, el del partido verde. ¡El gallo del presidente tira mucho y rápidamente va a ganar!

FANNY: Me da tanta lástima el gallito de Santiago, ya está abatido.

EMBAJADOR: Un corte más y ya ese gallo no se levanta…

FANNY: ¿Este baño de sangre cuánto va a durar?

Apoyar el pico en el piso (o "fondear") en peleas de gallos se interpreta generalmente como un signo de sumisión, cansancio extremo, o un intento del ave por buscar estabilidad o alivio tras una herida, indicando que el gallo está perdiendo la pelea.
Apoyar el pico en el piso (o "fondear") se interpreta un signo de sumisión.
 EMBAJADOR: Con un corte más lo acaba…

FANNY: ¡Ay, pobre gallito, está cansado!

EMBAJADOR: Está cortado, en diez minutos no se cansa un gallo, podrían pelear todo el día… 

FANNY: Por eso las navajas…

EMBAJADOR: ¿No le apuestas al presidente, señora mía?

FANNY: No me gusta apostar.

EMBAJADOR: Está muy herido, pero demuestra casta… ¡Herido y tira! Tira poco, pero es muy certero el gallito de Santiago, hiere, hiere… está emparejando la pelea. 

FANNY: Ahora me dan lástima los dos gallitos, están abatidos. ¿Y si ya no se atacan, qué pasa?

EMBAJADOR: Se presentan en la raya y el que no fondea gana.

FANNY: ¿Fondear?

EMBAJADOR: Apoyar el pico en el piso.

FANNY: ¿Ese soltador qué hace? ¿Lo va a sacrificar?

EMBAJADOR: Le corta el pescuezo para que no fondee. El otro le echa aire en el pico para lo mismo…

FANNY: ¿Y eso está permitido?

FANNY: ¡Ya vámonos Calderón o me voy a desmayar, no soporto ver sangre! ¡Tómame del brazo!

EMBAJADOR: ¡Mira y calla!

FANNY: ¡Qué diplomático, señor embajador!

EMBAJADOR: ¡El juez marcó tabla! ¡¿Quién lo iba a calcular?! ¡Tabla!

FANNY: ¡Ya vámonos Calderón o me voy a desmayar, no soporto ver sangre! ¡Tómame del brazo! Dime: ¿y tú desde cuándo sabes a qué gallo apostar? 

EMBAJADOR: Le apuesto al gallero. Aunque lo veas descalzo y sin sombrero, está criado entre gallos de pelea, tiene los mejores pies de crías y se quiere ganar mi favor: solo le tengo que pedir el mejor gallo. (Con ironía). Están los pasionales que le apuestan al gallo, los advenedizos que se arreglan con el soltador y algunos diplomáticos que le apuestan al gallero. Un gallo debe ser agresivo, pero no avorazado; seguro, pero no confiado…

FANNY: Hablamos de política, ¿verdad?

EMBAJADOR: Y los más envalentonaditos tienen que estar muy bien amarrados porque en un descuido pueden hacer un desastre en el gallinero.

La corrida de toros extraordinaria
(El guion)

Madame Calderón: ¡Otra corrida de toros ayer por la tarde! Es como el pulque: uno hace muecas al principio y luego empieza a gustarle. Pronto descubrimos que los toros, si se lo proponían, podían saltar sobre nuestra plataforma, ya que a veces saltaban un muro el doble de alto. Hubo una parte del espectáculo demasiado horrible. El caballo de uno de los picadores fue corneado, con el costado destrozado por los cuernos del toro, y en ese estado, bañado en sangre, se vio obligado a galopar alrededor del círculo.

Narrador: El primer mes de la estancia de los Calderón en México se celebró con un desfile por la ciudad, recepciones, una obra de teatro y un baile de fantasía. Madame Calderón de la Barca narra la historia de la extraordinaria corrida de toros celebrada en honor del nuevo embajador de España en México.

Madame Calderón: Temprano esta mañana, siendo el día de la “corrida de toros extraordinaria”, se colocaron pancartas en todas las esquinas acompañadas de un retrato de Calderón. El Conde de la Cortina llegó poco después del desayuno, acompañado de Bernardo, el matador, a quien trajo para presentarnos. Les envío la invitación de satén blanco, con su encaje y borlas de plata, para que vean lo bien que se pueden hacer estas cosas aquí. 

Hacia la tarde, se temía mucho la lluvia, lo que habría aplazado el combate; sin embargo, el día aclaró, sin que los toros supieran cuánto dependía su destino de las nubes. Nos habían preparado un palco en el centro, con una alfombra y una lámpara de plata; pero nos fuimos con nuestros amigos, los Cortina, al palco contiguo. La escena, para mí especialmente, que no he visto la magnificencia de la plaza de Madrid, fue animada y brillante en el más alto grado. Imagínese un inmenso anfiteatro, con cuatro grandes niveles de palcos y una serie de asientos descubiertos en el frente, todo abarrotado casi hasta la asfixia; los palcos llenos de damas vestidas de gala, y los asientos de abajo por espectadores alegremente vestidos y muy entusiastas; dos bandas militares de música, interpretando bellas melodías de óperas; una extraordinaria variedad de trajes brillantes, todos iluminados por el cielo azul eternamente profundo; damas y campesinos, y oficiales en uniforme completo; y podéis concebir que debió haber sido, en conjunto, un espectáculo variado y curioso…

Alrededor de las seis y media, un toque de trompetas anunció al presidente, quien llegó uniformado con su séquito y tomó asiento al son de “¡Guerra! ¡Guerra! ¡Los bellos trombi!”. Poco después, los matadores y picadores, los primeros a pie, los segundos a caballo, hicieron su entrada, saludando por toda la plaza y fueron recibidos con fuertes vítores. El vestido azul y plata de Bernardo era muy magnífico y le costó quinientos pesos. Se dio la señal, se abrieron las puertas de par en par y un toro irrumpió en la arena; no un animal grande y fiero, como los de España, sino una bestia pequeña, furiosa y de aspecto salvaje, con la mirada turbada…

Tres veces suena el clarín: ¡atención!, la señal se oye,
se dilata la caverna, y con muda expectación
la gente que hincha el circo abre la boca de todas partes.
Surge con salto formidable el poderoso bruto
y, mirando salvajemente, huella con pie inquieto
la arena, sin lanzarse ciegamente al enemigo.
Con su testuz amenazante apunta a todas partes
y dispone su ataque, sacudiendo inquietamente
la cola enfurecida, y sus ojos fulguran chispas…

Una imagen tan correcta como poética. ¡Esa primera pose del toro es soberbia! Giuditta Pasta en el papel de Medea no la superó. Los matadores y los banderilleros le agitaban sus pañuelos de colores; los picadores lo empujaban con sus lanzas. Se abalanzó sobre el primero y arrojó al aire los pañuelos que le arrojaron, mientras saltaban por la arena; galopaba tras los demás, golpeando a los caballos, de modo que, junto con sus jinetes, ocasionalmente rodaban por el polvo; ambos, sin embargo, recuperaban el equilibrio casi al instante, en lo cual no había tiempo que perder. Entonces los matadores lanzaban petardos, petardos adornados con cintas ondeantes, que se pegaban a sus cuernos y, al sacudir la cabeza, lo envolvían en una llamarada de fuego. De vez en cuando, el picador agarraba el toro, obligaba al toro a galopar hacia atrás y lo derribaba de bruces.

Enloquecido de dolor, chorreando sangre, acribillado a dardos y cubierto de fuegos artificiales, el desafortunado animal galopaba en círculos, lanzándose a ciegas contra hombres y caballos, intentando con frecuencia saltar la barrera, pero rechazado por los sombreros ondeantes y los gritos de la multitud. Finalmente, mientras se mantenía a raya y casi exhausto, el matador corrió hacia él y le asestó el golpe mortal, considerado una peculiar prueba de habilidad. El toro se detuvo, como si sintiera que había llegado su hora, se tambaleó, intentó varios embestidas sin éxito y cayó. Un golpe final, y el toro expiró. Sonaron las trompetas, sonó la música. Cuatro caballos galoparon, atados a un yugo, al que el toro fue atado y rápidamente arrastrado fuera de la arena.

Esta última parte tuvo un efecto magnífico, recordando un sacrificio romano. De manera similar, ocho toros fueron ejecutados. La escena es, en general, hermosa, el discurso, divertido; pero las heridas y tormentos del toro son repugnantes, y como aquí las puntas de sus cuernos están embotadas, uno siente más compasión por él que por sus adversarios humanos. No es bueno acostumbrar a un pueblo a espectáculos tan sangrientos.

Sin embargo, debo confesar que, aunque al principio me cubrí la cara y no pude mirar, poco a poco me interesé tanto en la escena que no podía apartar la vista de ella, y puedo entender fácilmente el placer que sentían aquellos que estaban acostumbrados a ellas desde la infancia. Terminada la corrida de toros entre fuertes y prolongadas ovaciones de la multitud, se encendió un árbol de fuegos artificiales, erigido en medio de la arena, y en medio de un resplandor de luz de colores, aparecieron, primero las armas de la república, el águila y el nopal; y encima, ¡un retrato de cuerpo entero de Calderón!, representado por una figura con uniforme azul y plata. El águila mexicana cayó con estrépito a sus pies, mientras permanecía ardiendo brillantemente, iluminado por los fuegos artificiales, en medio de tremendos gritos y vítores. Así terminó esta “función extraordinaria”; y cuando todo terminó, fuimos a cenar a casa de la Condesa de la Cortina, disfrutamos de música por la noche y luego regresamos a casa bastante cansados.

Giuditta Pasta en el papel de Medea

Giuditta Pasta fue la soprano italiana más destacada de su época, aclamada por su amplio registro vocal y su expresividad.
Giuditta Pasta fue la soprano italiana más destacada de su época.

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