Serie documental · No es ficción

La corrida de toros extraordinaria

Una tarde en la plaza de toros de la Ciudad de México, vista por una extranjera.

Ella fue testigo
DÓNDEPlaza de toros, Ciudad de México
CUÁNDO1840
LA FUENTELa vida en México
No es ficción

Lo que ella vio

La ciudad organizó una «corrida de toros extraordinaria» para honrar al primer ministro de España. Ella estaba en el lugar de honor.

DE SU CARTA EN«La vida en México», 1840

La plaza abarrotada y las bandas militares.

La entrada del toro.

La reflexión moral que ella misma se permitió esa noche.

Una historia de México contada por quien la vivió.

La historia

Recibida como realeza

El Conde de la Cortina acompaña personalmente al célebre matador para presentárselo a los Calderón. A ellos se les asigna un lugar de honor, con lámpara de plata y alfombra, aunque Fanny prefiere sentarse con los Cortina. El propio presidente llega al son de trompetas.

Producción: Cada escena pintada al óleo en un estilo inspirado en Goya y Pingret, con banda sonora de época. Diseño de sonido y banda sonora original de LuzAzul Estudio.

¡Aguas, que viene un spoiler!

La noche en que el águila cayó a sus pies

Al terminar la corrida, se enciende sobre la plaza un castillo de fuegos artificiales. Al consumirse, revela el águila y el nopal, el escudo nacional, coronado por un retrato llameante de Calderón.

El águila se desploma, envuelta en llamas, a los pies de su propia efigie, entre las aclamaciones del público.

La historia completa

La mujer que México no supo si amar o perdonar

La vida en México se publicó en Boston y Londres en 1843 y fue aclamada por la crítica. En México, la reacción fue rápida y nada amable: «reseñas hostiles» y «ataques personales cargados de vitriolo» en los círculos intelectuales, casi de inmediato.

Al cabo de un año, la prensa ya se hacía eco de la obra: un anuncio de 1844 en La Abeja promocionaba el libro por entregas, con grabados, y El Siglo XIX también le dedicó espacio. México conoció los fragmentos más jugosos y descontextualizados, pero nada más.

La obra completa, con sus matices, su admiración y sus vacilaciones, no llegó a los lectores mexicanos hasta la traducción de Enrique Martínez de Sobral en 1920. Le siguieron ediciones en 1945 y la muy valorada edición de Porrúa de 1959, traducida por Felipe Teixidor, quien la calificó como el mejor libro sobre México jamás escrito por un extranjero.

Don Ángel, el diplomático bajo presión. Ángel Calderón de la Barca fue enviado para resolver asuntos pendientes, entre ellos las repercusiones de las leyes de expulsión de 1827–1829. La prensa española cuestionó su lealtad por haber nacido en Argentina. Monárquico convencido, dudaba de que la república mexicana pudiera prosperar; la gente hablaba de revolución «como se habla de un terremoto inminente».

No te pierdas la próxima historia

Parte de la serie Historias de México 1840, basada en las cartas de Madame Calderón de la Barca. Diseño de sonido y banda sonora original de LuzAzul Estudio (Ciudad de México).

© 2026 Madame Calderón: Historias de México